5. Últimos clavos en el ataúd astenosférico
Junto a estos estudios que esquivaban el fondo de la cuestión, otros empezaron a atacar frontalmente la idea. Por ejemplo, la existencia de anisotropías (diferencias en la velocidad de las ondas sísmicas según su dirección) en las quillas cratónicas fue documentada casi simultáneamente en 1995 por Mooney para Suráfrica (ver el Documento 6, figura) y en 1996 por Bormann et al. para Europa Central, e interpretadas como alineaciones de minerales en el sentido del flujo causadas por el navegar de los bloques continentales a través del manto (un poco como los arañazos en el casco de un buque, aunque impresas en toda la masa de la raíz). Esto indicaba la permanencia de estas protuberancias inferiores de los continentes, modeladas por el flujo a lo largo de miles de millones de años. Las implicaciones eran de suma importancia: ninguno de los niveles de baja velocidad detectados a menos de 200 km de profundidad servían como niveles de despegue, ya que la tectosfera viajaba como un bloque solidario bastante más grueso.
Otros trabajos afrontaron aún más directamente la cuestión: un grupo francoamericano (Barruol et al., 1997; Doc. 7) acababa su estudio de la propagación de las ondas sísmicas bajo el Este de Norteamérica con dos importantes propuestas. La primera se refería al cratón norteamericano: [...en el núcleo cratónico, los retrasos [de las ondas] son máximos donde la raíz de alta velocidad aparece en la imágenes tomográficas al menos hasta los 300 km, lo que sugiere una anisotropía impresa en el manto superior bajo el cratón. La ausencia de una zona de baja velocidad bajo estas raíces de alta velocidad puede indicar que no hay astenosfera mecánica bajo el cratón. Esto implicaría que todo el manto superior bajo el cratón norteamericano podría moverse coherentemente, y por lo tanto, que la tectosfera (tal como la definió Jordan en 1975) podría estar directamente acoplada al manto inferior.] Este párrafo merece varios comentarios: el primero, que la sísmica clásica (retrasos de las ondas) se ve ahora confirmada por la nueva (imágenes tomográficas). El segundo, que vuelve a aparecer la astenosfera primigenia, la de Barrell (todo el manto sublitosférico).
El otro descubrimiento del equipo francoamericano nos pone en la pista real de lo que puede significar el nivel de baja velocidad sísmica: [La buena correlación de esta anomalía [una anomalía de baja velocidad que la tomografía permite detectar en el Atlántico Norte y que llega hasta los 250 km de profundidad] con los montes submarinos de Nueva Inglaterra sugiere que podría tratarse del rastro fósil del punto caliente que creó estos montes submarinos...] ¿Y si manchas de anomalías térmicas antiguas hubiesen quedado estratificadas en el manto superior oceánico, y los necesitados geofísicos de los sesenta las hubiesen tomado por un nivel semifundido universal? Las investigaciones de los últimos años han permitido responder afirmativamente a esta pregunta: los penachos térmicos tienden a frenarse al llegar al manto superior (la explicación está en la figura 2 del Documento 5), y a esparcir en él material caliente que puede persistir allí durante cientos de millones de años. Esas zonas tendrán, a lo largo de esos periodos, un nivel de baja velocidad sísmica (una explicación algo más detallada de este proceso se puede leer en Anguita y Hernán, 2000). La ilusión de una astenosfera universal surgió del análisis de los datos de estas regiones, tanto como de la ignorancia intencionada de los datos del resto de las regiones.
El trabajo del equipo de Barruol tuvo el valor simbólico de haberse presentado en el Congreso de la Unión Europea de Geociencias...también en Estrasburgo: dieciséis años después de la protesta de Panza y Müller, la revisión de los modelos más esquemáticos de la tectónica de placas está a punto de producirse.
1. Raices históricas / 2. Primeras escaramuzas / 3. Voces de alarma / 4. La etapa de transición
5. Últimos clavos / 6. La revolución tomográfica / 7. Preguntas formuladas/ Bibliografia
© Francisco Anguita y Josep Verd (2001)
AEPECT (Asociación Española para la Enseñanza de las Ciencias de la Tierra)
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